
17 Nov (Micro)Relato XXXV: El golpe final
Vio una abertura y la aprovechó. Descargó el puño con toda la fuerza de sus músculos, compensando la corta distancia con una aceleración casi sobrehumana del brazo. Era su último combate, el capítulo final de una carrera demasiado extensa. La edad comenzaba a dejar rastro en su cuerpo, los golpes recibidos a lo largo de los años se instalaban en sus asientos privilegiados esperando su momento para tomar protagonismo, para recordarle victorias pasadas, derrotas dolorosas y fracasos cargados de arrepentimiento.
Era el golpe final, el que le permitiría descansar con el orgullo de haberlo dado todo, de haber cumplido con expectativas propias y ajenas, también con los remordimientos por haber renunciado a demasiadas cosas, por haberse perdido escenas imperdibles de la vida. Se acababa la etapa que lo había definido, lo había marcado, y empezaba una nueva que podría moldear a su gusto para subsanar los errores necesarios.
Tan solo le quedaba conectar su golpe. Sus ojos no prestaban atención a los focos que capturaban su imagen para la posteridad ni a los rostros encendidos que dejaban escapar la tensión acumulada durante días ni tampoco al rostro más preocupado de entre la multitud. Sus ojos estaban concentrados en un único acto. Pero sus ojos eran viejos, sus reflejos aún más.
El golpe se perdió al atravesar nada más que aire. Era el momento del golpe final, el que se emplearía para resumir su historia, pero se equivocó sobre el extremo que le pertenecía. Sintió el hundimiento en su mejilla antes de ser consciente de su significado, antes de navegar a un lugar muy lejano y hundirse sin tocar fondo. Sintió que nada de lo que había hecho había merecido el tiempo perdido ni el dolor sufrido. Sintió que el golpe final pretendía ser cruel con él, castigarle, y se dejó ir.
Foto de Arisa Chattasa en Unsplash
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